A veces, hacemos cosas con las que pretendemos cambiar ( para bien ) nuestras vidas, como puede ser un cambio de trabajo, un cambio de casa o un cambio de ciudad por amor...
Todas ellas por supuesto, son por voluntad propia y haciéndolo con la mayor dedicación e ilusión posible, queriendo mimar cada detalle para que todo sea perfecto.
Pero a veces no todo sale como queremos o imaginamos:
El trabajo puede ser mas duro de lo esperado.
Esa maravillosa casa, puede tener goteras indeseables o humedades.
O tu pareja al llegar, puede decidir de forma unilateral que es el momento de no seguir.
Cuando esto pasa, el mundo se nos viene encima, las ilusiones caen al suelo y sentimos que algo mucho más grande que nosotros nos las pisa hasta tal punto de hacernos añicos, tanto interior como exteriormente. Nos sentimos desubicados, confusos y preguntándonos si elegimos la opción acertada.
Claro está, eso es solamente al principio, el tiempo de duelo que cada uno necesite para darnos cuenta de lo fuerte que realmente somos y de que se nos ha cerrado una puerta en las narices haciéndonos daños pero... Cuando miras a tu alrededor ves que hay cientos de ventanas esperando ser saltadas y que todas ellas te van ayudando a avanzar en tu interior, a librar una o varias batallas diarias de las cuales vas saliendo reforzado y victorioso.
Y es ahi donde después de tanto daño recibido, te vas dando cuenta de que todo pasa por algo, tal vez en el momento que sucede no lo entiendes y quedas confuso, incluso lamentándote de haber tomado esa decisión, pero esa, es la mejor decisión que podías haber tomado, la que te hace crecer, madurar y sacar fuerzas que ni tu mismo sabías que tenías.
Así que, porqué no...
Sin rencores, y gracias por sacar lo mejor de mí.
-Diario De Un Loco Deforme-
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