A veces solo tratamos de ayudar, animar, levantar a esa persona que nos importa, que queremos, que nos cae bien aunque prácticamente no sepamos nada de ella, por simple empatía.
Olvidándonos, de qué cuando nosotros estamos en el otro extremo a nadie le "apetece" extender esa mano, iniciar esa conversación o por qué no, abrir esos brazos con los que tal vez nos puede salvar el día.
Estamos acostumbrándonos a ser colchonetas para la caida de los demás, y que cuando se levanten, se sacudan y se marchen sin mirar atrás...
-Diario De Un Loco Deforme-
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